martes, 12 de junio de 2012

Descubren una proteína, clave para transformar la grasa en calorías


¿Por qué unas personas engordan más que otras a pesar de llevar una vida y una alimentación similares? ¿Tienen algo que ver el cerebro o nuestros genes en la obesidad? ¿Cómo se pueden eliminar más calorías de lo que nuestro cuerpo quema? Un estudio con sello español muestra dos moléculas que activan el mecanismo quemagrasas que tiene el cuerpo para generar calor y de paso perder peso. Aunque el trabajo, publicado en la revista Cell, ha sido realizado en ratones y ratas, abre la vía para la investigación de terapias que, actuando sobre estas sustancias, consigan combatir la obesidad.

Los animales, sobre todo los roedores y aquellos que hibernan, tienen un alto contenido de una grasa denominada parda por su color marrón. Esta grasa les permite regular su temperatura pues ella captura los lípidos de la sangre y los oxida, es decir, los quema para generar calor. A diferencia de la grasa blanca, la que podemos ver por ejemplo en las vetas del jamón o la que se nos acumula visiblemente en ciertas partes del cuerpo, cuya función es la de generar cierto aislamiento y almacenar lípidos, la parda no los acumula sino que los procesa, mediante un mecanismo que se llama termogénesis.

Se pensaba que en el ser humano, sólo los bebés albergaban este tejido bueno, precisamente para asegurar su temperatura, y que desaparecía en la etapa adulta. Sin embargo, un estudio publicado en 2009 echaba por tierra esta teoría. Aaron Cypes y su equipo del Centro de Diabetología Joslin de Boston (EEUU) identificaron mediante técnicas de imagen la presencia en ciertas localizaciones de esta grasa. De esta manera, se pudo comprobar que existían islotes de grasa parda en la zona interescapular, en la perirrenal y a lo largo de la arteria aorta, es decir, básicamente en la zona torácica y abdominal, las partes del cuerpo que menos pueden regular la temperatura con el movimiento, como lo hacen los brazos o las piernas, y que más hay que proteger del frío. Aunque su presencia no es tan marcada como en otros animales, este tejido es muy activo metabólicamente hablando y tiene una gran capacidad termogénica.

En estos tres años, han sido muchos los investigadores que se han lanzado a comprender los mecanismos que subyacen en la termogénesis de la grasa parda y para analizar su potencialidad como diana terapéutica contra la obesidad en humanos. Entre ellos están los grupos de NeurObesidad de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y el de Biología Molecular y Regulación Génica del Tejido Adiposo y sus Patologías de la Universidad de Barcelona (UB) que llevan seis años estudiando la proteína AMPK, una enzima que tiene un papel importante en las acciones inductoras de la ingesta y en la regulación de la grasa parda por el hipotálamo. Trabajos que han sido publicados en revistas de alto impacto como Cell Metabolism y Nature Medicine.


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lunes, 4 de junio de 2012

Cuidado con las alergias alimentarias


En España, los alérgenos más comunes son los derivados del huevo, del pescado y de la leche de vaca: entre los tres suponen casi el 60 % de todas las alergias alimentarias.
Sin embargo, los más peligrosos para la salud, por las reacciones que provocan, son los frutos secos.

Leche de vaca. Su faceta alergénica es un problema casi exclusivamente infantil. A pesar de que la caseína es la proteína más abundante en la leche, la sensibilización ocurre con mayor frecuencia con la betalactoglobulina y, en menor medida, la alfalactoalbúmina. El calor no destruye estas dos proteínas lácteas, por lo que de nada sirve hervir la leche.

Se ha observado que aproximadamente un 40% de niños sensibilizados a las proteínas de la leche de vaca desarrolla alergia a otros alimentos y un 28% lo hace a agentes ambientales –pólenes, ácaros, hongos, epitelios de animales–. También se asocia con frecuencia a dermatitis atópica. La predisposición genética o atopia, ser varón y emplear la lactancia artificial en lugar de la lactancia materna son los principales factores que predisponen a padecer esta alergia.

Huevo. Las proteínas de la clara son el problema. Esto explica que la mayoría de los niños presenten sus primeros síntomas al tomar tortilla a la francesa, sobre todo si está poco cuajada.
Al hablar de alergia alimentaria infantil hay que prestar atención al rechazo como síntoma orientativo. Pescado. La alergia causada por pescado o marisco es más duradera en su sensibilización y puede perdurar durante décadas o toda la vida. Sus propias proteínas, la histamina que se forma al descomponerse y el parásito anisakis pueden causar reacciones alérgicas.

Frutos secos. El principal peligro proviene de que en muchas ocasiones estamos ante alergenos ocultos y de que son responsables de la mayoría de las reacciones anafilácticas mortales o casi mortales.

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Etiquetas: Medicina Biológica, Tratamiento de las Intolerancias Alimentarias, Tratamiento de alergias