jueves, 19 de noviembre de 2009

El tiempo sí importa cuando se trata del ictus


Debilidad en una parte del cuerpo, anomalías en la visión o los problemas en el habla son los síntomas de alarma.

120.000 personas lo sufren cada año, y 3.825 pacientes menores de 55 años morirán por su causa, casi 800 más que todos los fallecidos en 2008 por accidentes de tráfico. Ésta es la tarjeta de presentación del ictus, un trastorno brusco de la circulación cerebral que altera la función de una determinada región del cerebro. Las cifras completan el espectro: es la primera causa de mortalidad en la mujer, la segunda global, el primer motivo de discapacidad en el adulto y del segundo de demencia después del alzhéimer.

Los ictus se dividen en infartos cerebrales —cuando se tapona una arteria— y las hemorragias. Dentro de los primeros, hay que buscar la causa. Una es la arterosclerosis, mientras que en los pacientes que tienen embolias, viene producido por una enfermedad del corazón. El factor de riesgo más importante en los dos grupos es la hipertensión arterial, si bien, en los jóvenes se puede asociar a malformaciones congénitas.

"Los factores de riesgo cerebrovascular son la hipertensión, la obesidad y sobrepeso, el colesterol alto, la falta de ejercicio y la diabetes", señala el coordinador del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología, Jaime Masjuán.

No obstante, en los pacientes jóvenes, cada vez son más los casos en los que el ictus hace su aparición por el descuido de estos factores de riesgo. El problema parte de la falsa creencia de que sólo afecta a gente mayor, señala el especialista al tiempo que advierte de que esto hace que la gente joven no lo reconozca cuando aparecen los síntomas. Por esta razón, la celebración del Día del Ictus se ha centrado este año en la prevención en este sector poblacional bajo el lema "Que tu cerebro siga vivo".

Los signos de alarma son claros: Debilidad o acolchamiento en la mitad del cuerpo, problemas en la vista —en un ojo, o en el campo visual—, dificultades para hablar a la hora de expresarse o entender, o vértigo acompañado de visión doble y alteraciones del habla. Estos síntomas van sin dolor de cabeza."No hay que esperar a que duela la cabeza para pensar que está sucediendo algo en ella", apunta.

Y es que la intervención de las primeras horas es algo esencial para el transcurso de la enfermedad. Cuando hay una arteria taponada, el cerebro puede estar unas horas sin recibir sangre. "Si podemos administrar un tratamiento que disuelve ese trombo y restablecer el flujo, ese cerebro lo salvamos, evitamos las secuelas en más del 50 por ciento y dejamos al paciente prácticamente curado", apunta el neurólogo.

De esta manera, el tratamiento de la fase aguda pasa por ingresar en una unidad de ictus —de las que sólo hay 37 en España— y restablecer el flujo sanguíneo en aquellos pacientes candidatos. Es lo que se llama trombólisis, de la que sólo se pueden beneficiar alrededor de un 10-15 por ciento. No obstante, el neurointervencionismo cada vez ofrece más alternativas dando la posibilidad de introducir un catéter hasta la arteria del cerebro, la femoral, y extraer ese trombo o incluso administrar allí el fármaco trombolítico. "Si no hacemos nada, tenemos un 20 por ciento de pacientes sin discapacidad a los tres meses y un 80 por ciento de discapacitados, y si aplicamos el tratamiento, conseguimos un 55 de pacientes sin discapacidad y un 45 por ciento de discapacitados", concluye.

En la fase de recuperación, la rehabilitación precoz, intensa y con la participación activa de pacientes y cuidadores es primordial.

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Estar BIEN 2009 - Noviembre 2009
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