jueves, 29 de octubre de 2009

Adicción a los dulces (2 de 2)


Su consumo continuado puede considerarse en algunos casos una obsesión insana más que una preferencia alimentaria

Dependencia y percepción, dos factores individuales
La dependencia de los dulces genera en muchos casos síndrome de ansiedad, un malestar más común de lo que se admite, ya que a menudo se pasa por alto y no se entiende ni se trata bien. El ansia por la comida puede ser tan poderosa como una adicción al tabaco o al alcohol, y perder el hábito resulta difícil, pero no imposible.

Dulces y síndrome de ansiedad
Algunas páginas web especializadas en ayudar a personas que sufren trastornos alimentarios plantean a los usuarios cuestiones que pueden dar pie a la reflexión para comprender que la afición por comer dulce en general, o chocolate en particular, puede considerarse más una obsesión insana que una preferencia alimentaria. Algunas de las cuestiones son las siguientes:

* ¿Es capaz de coger los dulces especiales de sus hijos para comérselos usted?
* ¿Ansía tomar un dulce después de cada comida?
* ¿No puede borrar de su mente el chocolate (u otros dulces)?
* ¿Oculta su debilidad a la familia y los amigos?
* ¿Le gusta más el chocolate que el sexo?
* ¿Trata al dulce como un "amigo reconfortante"?

Percepción de la dulzura
Desde el Monell Chemical Senses Center, en Philadelphia (EE.UU.), centraron su estudio en entender por qué algunas personas manifiestan "sweet tooth" y otras no. Aplicaron técnicas genéticas y moleculares tanto en seres humanos como en animales (primates, gatos, ratones y ratas) para entender el origen de la percepción del sabor dulce. Sus indagaciones dieron fruto, ya que identificaron dos proteínas ("taste receptor type 1 member 2" y "taste receptor type 1 member 3"), que en humanos están codificadas por los genes TAS1R2 y TAS1R3, respectivamente, que predicen la avidez por el dulce.

Otros investigadores han aportado nuevos datos y comunican que la combinación de los dos receptores de los genes (T1R2 y T1R3) en las papilas gustativas responde al dulzor de los edulcorantes naturales y artificiales, mientras que el receptor gustativo T1R3 reconoce sólo altas concentraciones de azúcares naturales, aunque no el sabor de los aditivos artificiales. En los experimentos con animales llevados a cabo en los centros estadounidenses Howard Hughes Medical Institute, en San Diego (California), y National Institutes of Health, en Bethesda (Maryland), los estudios señalan que los ratones que carecían de los receptores T1R2 y T1R3 habían perdido toda apetencia por el sabor dulce.

Según los autores, este experimento sugiere que "las propias preferencias por los dulces no son sólo una cuestión de diferencias culturales, como algunos expertos han sostenido, sino que están codificadas por los genes", sin dejar de lado que las especies no son iguales: los humanos degustan edulcorantes que los roedores no pueden saborear, como la taumatina, la monelina, el aspartamo y la neohesperidina.

En el estudio se recoge cómo una ligera diferencia genética en las proteínas de los receptores podría explicar por qué una persona echa cuatro cucharadas de azúcar en el café y otra, sólo una: "Los receptores dulces de la primera persona necesitan más azúcar para conseguir el mismo estímulo". Esto también justificaría las diferencias de sabor (umbral) que se perciben entre los gustos dulces.

Cuestión de etnias
Una reciente investigación concluye que hay una variante genética para la percepción de la dulzura, que cambia según la etnia. Son los asiáticos y los africanos, en comparación con los europeos, que muestran una mayor preferencia. Es la primera vez que una diferencia genética semejante se ha sugerido para la percepción de la dulzura. En el estudio participaron 144 personas: 92 europeos, 37 asiáticos y 15 africanos. En él se analizó su sensibilidad a la sacarosa mediante la comparación de diferentes soluciones (varias concentraciones de azúcar diluida en agua) y se confirmaron diferencias de hasta un 16%.

Los estudios futuros intentarán explicar cómo la cuestión genética unida a un tipo de alimentación con una carga alta de azúcares contribuye al desarrollo de diversas enfermedades como la obesidad, la diabetes o la caries, asociadas al abuso de este tipo de alimentos.

Autor: Consumer-Eroski
Fuente: www.consumer.es
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Etiquetas: Medicina Biológica, Dietética y nutrición, Sobrepeso, Obesidad, Adelgazar, Perder peso, Enfermedades crónicas, Medicina predictiva y genómica, Medicina predictiva y preventiva, Genética humana

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