miércoles, 1 de abril de 2009

Los niños ante las alergias alimenticias


Comer es un placer pero, ¿qué pasa cuándo ciertos alimentos no nos sientan especialmente bien? Existen alergias de muchos tipos y dentro de la cocina también las hay.

Tener alergia a algún alimento o a un conjunto de los mismos es una problema que afecta en mayor porcentaje a los niños que a los adultos. Concretamente las alergias alimenticias infantiles representan, hasta los 6 años de edad, un 8% del total, mientras que las personas adultas rozan de lejos el 2%.

Las precauciones son pocas a la hora de dar de comer a un niño pequeño, ya que podemos suministrarle alguna comida que nunca haya probado y resultar fatal para su salud, con lo que la capacidad de reacción de la que tenemos que hacer gala es fundamental para evitar males mayores. Desde los primeros días de vida como lactante, el organismo del niño es capaz de mostrarse reacio, es por eso que el cuidado debe ser extremo.

Para toda la vida

Si bien la intolerancia a ciertos alimentos puede ser superada, la mayoría de los productos que provocan reacción una vez, lo seguirán haciendo para el resto de la vida del niño. Cuando tiene lugar una reacción de sensibilidad hacia cierto componente alimenticio, es entonces cuando hablamos de alergia. Es el sistema inmune de los niños el que rechaza ese elemento.

El abanico de síntomas es amplio y puede ir de la simple hinchazón en la lengua hasta la muerte. Entre las reacciones más leves en niños pequeños, encontramos la urticaria, el eccema, vómitos y diarrea. Según se incrementa la gravedad de los síntomas, pueden darse casos de asma, dolencias oculares y nasales. Debemos estar preparados ante cualquier emergencia con objeto de actuar con rapidez puesto que, en el peor de los casos, el niño puede sufrir un shock alérgico o anafilaxis, un colapso que puede acabar con la vida del pequeño.

Alimentos ante los que debes ser cuidadoso

La incidencia de los alérgenos alimenticios está presente en unos platos más que otros. Son los manjares con alto contenido proteínico los que más problemas suelen presentar. El primer lugar de la pirámide de los alérgenos por ingestión está la leche de vaca, un producto que provoca alergia en dos de cada centenar de niños. Sin embargo, la gravedad de esta intolerancia se supera con el paso del tiempo. Generalmente, al llegar a los cuatro años de edad, esta alergia desaparece en un 95% de los casos.

El huevo es otro de los alimentos hacia los que existe mayor propensión a la alergia, con un 35% de los casos; en concreto, la clara del mismo. Después de los tres años, el riesgo más peligroso lo representa el cacahuete, una leguminosa de consecuencias fatales si no se toman medidas a tiempo. Dentro de la familia de lo que, podríamos denominar frutos secos, le siguen al cacahuete por orden descendiente de potencia alérgena, las nueces y las avellanas.

Los pescados también resultan problemáticos aunque en menor medida. Se aconseja prestar atención especialmente a la administración de diversos tipos de marisco. Por otro lado, las conocidas alergias de reacción cruzada, es decir, cuando un producto provoca reacciones de hipersensibilidad al estar mezclado con otro, representan un aspecto a tener muy en cuenta. Lo mejor es acudir al pediatra para que nos detalle una lista, pero algunos ejemplos de estas combinaciones son tomate y arroz, o la leche de vaca con carne.

La importancia de la lactancia

La mejor manera de plantarle cara a las alergias es la prevención, y para estar prevenido, es necesaria la información puntual. Dentro del amplio catálogo de comidas existentes, hay alimentos que son más propensos a ser rechazados por los niños. Lo que mejor puede proteger al bebé es, sin duda, la leche materna. Hay que prolongar la lactancia todo lo que sea posible, por lo menos hasta los seis meses de vida del pequeño. Instituciones médicas llegan a recomendar incluso que se amplíe el periodo hasta el año.

En el momento en que la madre, por las circunstancias que sean, no es capaz de producir leche materna o ésta no es apta para el bebé, comienza la alimentación sustitutiva y, en ocasiones, el niño puede mostrarse sensible a ciertos preparados. Esta etapa es de descubrimientos para el niño y de pruebas y alerta para la madre.

A medida que el niño vaya cumpliendo meses y su sistema inmunológico sea más fuerte, su dieta irá incluyendo más alimentos. Tal y como se recomienda desde la American Academy of Allergy Asthma & Immunology, hasta el año, se recomienda comenzar con la fruta, la carne, el arroz y las verduras. Estos alimentos representan niveles de alergia mucho menores que otros, es por eso que tenemos que esperar a que el niño supere el año para incluir en sus comidas leche y derivados lácteos o cereales como el maíz o el trigo. Al cumplir los dos años, entran en juego los alimentos con más riesgo: pescado, huevos y frutos secos, especialmente, el cacahuete.

Algunos consejos útiles

En primer lugar, ante cualquier sospecha o síntoma, hay que acudir al pediatra para realizar las pruebas pertinentes y detectar aquellos alérgenos a los que el niño es especialmente sensible. Es el médico el que debe explicarnos las medidas que tenemos que tomar cuando que se detectan estas reacciones, sin embargo, existen una serie de consejos muy útiles que nos evitarán más de un susto.

Ejerceremos un control más seguro realizando las comidas en casa, desechando los platos precocinados. A la hora de comprar estos productos, leeremos bien los ingredientes de las conservas y demás productos enlatados y congelados. Es indispensable que nos proveamos de una lista de aquellos componentes alimenticios perjudiciales para el niño en el caso de que conozcamos sus alergias.

En muchas ocasiones, detectar un ingrediente que produce alergia es una difícil tarea porque los nombres varían y pueden inducir a error. Imagina que tu hijo ha desarrollado alergia a las nueces y le compras una tableta de chocolate con leche. Se ha dado el caso de niños extremadamente sensibles que, al ingerir el chocolate con leche se han puesto malos. Esto se ha debido a la máquina donde se fabrica el chocolate, quizá tenga restos de nueces de la elaboración anterior de tabletas de chocolate de esta variedad.

Las etiquetas deben examinarse con detenimiento y considerar aspectos como que, a veces entre los componentes hay alguno que no se señala por su ínfima cantidad. Cuando se sale a comer a un restaurante, nos cercioraremos de que no exista ningún riesgo en los platos que sirvan al niño, preguntando el origen de los alimentos y desterrando cualquier posibilidad de reacción inesperada. Ante la duda, es mejor no comerlo.

Autor: saludyhogar.com
Fuente: www.saludyhogar.com/

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