miércoles, 1 de abril de 2009

Las alergias por contacto


La piel es la parte de nuestro cuerpo que más expuesta se encuentra a todo lo que nos rodea, y las manos, sobre todo, son especialmente sensibles.

Muchas personas desarrollan a lo largo de su vida reacciones alérgicas por contacto que se presentan en forma de leves eccemas, sarpullidos o rojeces en la superficie cutánea.

Este tipo de alergias, como todas las demás, se presenta porque nuestro organismo reconoce como extrañas sustancias que hay en el exterior y desarrolla un mecanismo inmunológico que hace que se produzcan las reacciones. En el caso de las cutáneas, nuestro cuerpo activa un proceso inflamatorio mediante células que hace que aparezcan lesiones en la piel. Los factores que las motivan varían mucho dependiendo de la persona, de su oficio o de su entorno.

Las alergias más olvidadas

Hoy en día las alergias son cada vez más comunes, ya sea por inhalación, por ingestión de algún alimento o, en este caso, por contacto. Según el doctor Miguel Añó García, especialista en alergología, "el eccema es una lesión de la piel caracterizada fundamentalmente por la inflamación y la descamación. Se produce por la reacción de nuestro organismo ante una sustancia con la que se haya tenido contacto". Es entonces cuando aparecen las ronchas y los sarpullidos, que pueden llegar a ser muy perjudiciales y molestas.

Se estima que entre un 5% y un 15% de la población puede padecer alguna de estas alergias, pero este número podría ser sensiblemente mayor. Seguro que alguna vez habéis oído a alguien quejarse de que no se puede poner unos determinados pendientes porque le hacen daño o que rehúsa aplicarse una crema porque le produce escozor. Pues bien, estas personas podrían estar padeciendo una reacción alérgica, sin embargo, "se conforman con tratarse ellos mismos para reducir la inflamación o, sencillamente, evitan en lo posible las sustancias que se la producen, en lugar de acudir a un alergólogo", nos comenta el doctor Añó.

Los alérgenos que más comúnmente causan estas reacciones son los metales, en concreto los utilizados para la bisutería, como el sulfato de níquel y el cloruro de cobalto. También es especialmente recurrente la alergia al cromo, que se emplea mucho en la fabricación de cemento y de tintes. Determinados componentes utilizados en el mundo de la cosmética suelen convertirse en potenciales alérgenos, como los utilizados en algunas colonias o desodorantes.

Tampoco hay que olvidar los peligros que pueden acarrear para un alérgico la aplicación o ingesta de ciertos medicamentos, por lo que es muy importante anotar cualquier reacción extraña a un fármaco. El especialista en alergología también nos señala que "existen unos alérgenos específicos que algunas veces no están entre los que denominamos estándar y que varían en función del entorno de cada paciente".

Poniéndonos a prueba

Si padecemos alguna de estas alergias, sentiremos cómo nuestra piel se inflama y cambia su aspecto al tacto y a la vista. Añó García nos informa de que los síntomas fundamentales son "el eritema y calor, que son rojeces debidas al aumento del aporte sanguíneo por la inflamación; el prurito, que se caracteriza por escozor en la zona, la pápula, que se identifica por su relieve; la vesiculación o las conocidas ampollas; y la eccematización, que produce una descamación cutánea". Estas lesiones aparecen en los sitios en los que se ha contactado con alérgenos, sobre todo en las manos, al estar más expuestas.

Para el diagnóstico, se suele hacer un estudio profundo del paciente, de su entorno y de sus hábitos tanto higiénicos como alimenticios. El médico procederá también a un análisis físico de las lesiones, para descartar que se pudiese deber a otras dermopatías. Por último, el especialista procederá al empleo de las pruebas epicutáneas, que no son otra cosa que "exponer la piel del paciente a una serie de sustancias sospechosas, con la finalidad de producir una reacción similar, pero en este caso controlada, localizada y conociendo cuál es la sustancia que la produce", nos explica Miguel Añó.

Siempre consultar con un especialista

Como con todas las alergias, el tratamiento consiste en evitar los componentes que las provocan, por lo que es de especial importancia detectar cuanto antes cuál es la sustancia peligrosa. "Nuestra acción radica en enseñar al paciente cómo llevar una vida normal sin ponerse en contacto con estos alérgenos", asegura el alergólogo.

No obstante, los tratamientos siempre variarán con respecto a la edad del paciente y la extensión de la lesión. Algunas alergias son leves y las podemos pasar por alto, pero siempre que notemos una anomalía en el estado de nuestra piel, lo más recomendable es asistir a nuestro médico para que un simple eccema no se convierta en un problema más grave para nuestra salud.

Autor: Clara Sánchez
Fuente: www.saludyhogar.com

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